CAPITULO I
La gallina cantó.
Ella despertó sin saber lo que había pasado. Estaba tumbada en su cama, desnuda. Descubrió sangre. Asustada, miró por todo su cuerpo, sin encontrar rastro alguno de una herida o rasguño. Entonces, miro entre sus piernas y se dio cuenta de que de allí procedía la sangre. Tenía la sensación de que algo malo había pasado, pero no se acordaba de que hacía en la cama, porque tenía sangre, y porque ella no tenía un demonio.
Se vistió a toda prisa, y se arregló, ya que era maestra de escuela y tenía que ir a trabajar. Por el camino, atacó a un vagabundo y bebió su sangre. No era la mejor sangre del mundo, pero la necesitaba para vivir y no quería lastimar a gente inocente. Después de días sin probar sangre, le pareció exquisita. El camino a la escuela se le hizo eterno, pero se alegró cuando sus alumnos la recibieron con una sonrisa. A ella le encantaban los niños, pero no estaba muy segura de sí podía tenerlos o no, y no tenía marido. Los niños se extrañaron de que su maestra, no trajese a su demonio con ella.
-Señorita Samelborp, ¿dónde se encuentra Le?- una dulce niñita le hizo esta pregunta, ella se quedó sin palabras
-¿Quién es Le?
-Señorita… Le… ¡Le es su demonio!
Nanai Samelborp, en ese momento, sufrió una oleada de recuerdos. Se desmayó, cuando despertó, estaba en su casa, otra vez. Abrió los ojos y descubrió que su compañero de trabajo, el maestro de un curso superior, la estaba mirando. Ella lo miró, con su típica mirada agresiva.
-¡P…Perdón! Yo… Yo te he tenido que traer hasta tu casa.- murmuró, se hartó de valentía y hablo- dicen tus alumnos que te desmallaste en plena clase, y vinieron a buscarme…
-Gracias… Pero no deberías estar aquí- utilizó su magia para leerle la mente, así descubrió que el la espiaba mientras daba clase, y por eso sabía que se había desmayado- Aunque… -puso una voz seductora- pareces sabroso…
Sacó sus colmillos, y mordió el cuello del joven, que gimió y se apretó contra ella. Ella absorbió cierta cantidad de sangre, la necesaria para recuperarse, y borro los recuerdos del joven. Le costó un poco más borrar los de su demonio, pero lo consiguió.
Lo cogió en brazos, lo llevó a su casa, y se fue sin más. El tan solo era un aperitivo antes del festín que se daría esa noche.
Todo el mundo estaba mirando al demonio.
Un ser encapuchado corrió hasta el centro de la plazoleta, cogió al inconsciente demonio, y se lo cargó al hombro. Se marchó como había venido, corriendo, y pronto desapareció de la vista de todos. Los habitantes de Aglaësta que habían contemplado la escena se quedaron boquiabiertos, pero continuaron con sus labores, aunque no dejaron de hablar sobre el tema del encapuchado y el demonio inconsciente.
El ser encapuchado, llegó a un refugio subterráneo, que no carecía de ninguna comodidad. Dejó al demonio en una cama, y se quedó mirándolo largo rato. Se deleitaba mirando el cuerpo desnudo de aquel demonio, sus brazos fuertes acabados en garras, su pelo negro de media melena, ahora sucio y mojado, sus largas piernas, y las marcas de sus alas replegadas. Acarició las marcas, con cierta envidia de no tener unas alas.
Cuando ya hubo mirado cien veces cada rincón del cuerpo del demonio, se marchó a buscar una presa para su desayuno, no sin antes asegurarse de que la guarida quedaba bien cerrada, utilizando la magia. Para acabar, puso unas cuantas trampas anti intrusos en la entrada, y otras cuantas más por todo el perímetro. Aquel demonio era muy importante.
Desenfundó su espada, y pasó el dedo por el filo, riéndose a carcajadas. Había conseguido algo que llevaba mucho tiempo buscando. El demonio Le… El demonio de su hermana. Se quitó la capucha, enfundó la espada y se puso la máscara mágica para parecer una humana, y fue al encuentro de algún hombre de mala vida que se fijara en ella.
De estos hombres encontró siete, de los cuales no dejó con vida a ninguno.
En eso consistía su vida, matar gente para alimentarse, alimentarse de sangre para conservar su eterna juventud. Esa era la vida de los elfos de la noche. Aunque no todos pensaban como ella, ella era fría, sanguinaria.
Y lo peor de todo, era vengativa.
Se acordaba de cada persona, demonio y elfo de la noche que le hubiese jugado alguna mala pasada, y maquinaba horribles venganzas, que sin duda alguna, algún día llevaría a cabo.
Ya con el cuerpo lleno de sangre, y satisfecha, Ianan Samelborp, hermana de Nanai Samelborp, volvió al refugio subterráneo, donde le esperaba despierto el demonio Le.
Después de quitar las trampas, y abrir la puerta, algo se abalanzó contra la elfa. Era Le Demon, que ya consciente, estaba asustado, y al verla, sintió pánico.
Ianan, quedó tendida en el suelo, y Le, corrió y corrió sin rumbo fijo, alejándose de la guarida de la elfa.
El demonio fugitivo, no recordaba nada. Aunque sabía que alguien importante lo estaba buscando.
Nanai, sospechaba que Ianan, su hermana, retenía a su demonio. No iba muy desencaminada.
Decidió partir en busca de su demonio, por lo que creó un doble exactamente igual a ella, y le dio vida con su magia. Se aseguró de que tuviese sus recuerdos y personalidad.
Antes de marcharse, cogió su espada, su daga, y unas cuantas mascaras mágicas, por lo que pudiera suceder. Ya lista, se fue.
La última vez que vio a su hermana, fue cuando años atrás, juntas, mataron a su madre. Como sabía dónde estaba su refugio, allí se dirigió.
CAPITULO 3
Le Demon, desplegó sus alas y fue a refugiarse al bosque. Estaba solo, desamparado, y se sentía hambriento. Pero una fuerza invisible le obligaba a ir en una dirección. Al principio se resistió, pero algo en el fondo de su mente le dijo que su razón de existencia se encontraba allí. Intentaba recordar su pasado, y también lo que había hecho para ser sometido al castigo divino que le había borrado la memoria,
Necesitaba alimentarse pronto, sino moriría.
Siguió la dirección que le decía su interior. Esa dirección no era fija, más bien parecía que estaba en movimiento. La siguió sin vacilar durante un corto periodo de tiempo, luego, se detuvo en un sitio. Le Demon llegó al refugio de donde había escapado, pero ahora había una elfa que le resultaba muy familiar gritándole a otra elfa, muy enfadada. Entonces, la elfa que estaba siendo gritada, le señaló, y ocurrió todo muy deprisa…
En ese instante que las dos elfas le miraron, recordó todo.
Él era Le Demon, el demonio de Nanai Samelborp. Y la elfa que lo había “secuestrado” era Ianan, su hermana.
Nanai corrió a su encuentro, y lo llenó de besos, que el correspondió debidamente.
Se dieron cuenta de que aún iba desnudo, por lo que Nanai le quitó la capa a Ianan y se la tendió.
El demonio tuvo tiempo de alimentarse, y recuperó fuerzas.
De repente, Nanai se volvió a desmayar.
Cuando abrió los ojos otra vez, estaba dentro del refugio, y su demonio y su hermana la estaban mirando asustados. No sabían porque se había desmayado, y aparentemente no había motivo alguno, pero debieron atribuirlo a falta de sangre, aunque no sabían que unas pocas horas antes había disfrutado de un sangriento festín.
-Gracias a dios, hermanita…- La preocupación de Ianan no era fingida, cosa que sorprendió a Nanai.
Le Demon la abrazó y besó, pero luego la dejó descansar. Ianan se fue a buscar algún pobre desdichado para alimentar a su hermana.
Nanai se quedó durmiendo, y su demonio se quedó para cuidarla y vigilarla.
Era raro ver a Ianan tan compasiva, pero escogió a un humano suculento, lo ató, se lo cargó al hombro, y se dirigió al refugio.
En cuanto Nanai despertó, la hicieron alimentarse, con lo que recuperó fuerzas.
Ella tenía sus propias teorías sobre que le pasaba, pero en cuanto las supieran los demás, su vida no volvería a ser igual.
Simplemente, estaba embarazada…
CAPITULO 4
Las reacciones de Ianan y Le Demon merecían ser vistas.
Ianan se puso muy sentimental, olvidó sus planes de venganza, y decidió que viviría con su hermana.
Le Demon, en cambio, sintió rabia, le susurró algo al oído a Ianan, ella asintió muy seria, y tocó la barriga de su hermana.
-Como pensaba…-Palpó para estar más segura- Es muy reciente, pero avanza rápido.
-¿Ra-Rápido? Y…-dudó un momento- ¿Cuándo nacerá?- Nanai se sentía confusa y mareada.
-Pues hermanita, nadie lo sabe, según las leyendas elfas, tardan alrededor de unas seis semanas, a partir de las cuales nacen y solo se alimentan de sangre, después, para poder crecer, empiezan a alimentarse con comida humana…
-¿Será elfo o demonio?-la curiosidad del demonio era notoria
-Pues…Según las leyendas, una mezcla- se rio al imaginar un elfo con alas
Nanai sintió arcadas, y su hermana le tendió rápidamente un cubo. Estuvo bastante rato vomitando sangre coagulada que el ser que crecía en su interior no quería, y comida humana. Cuando terminó de vomitar, el cubo estaba repugnantemente repleto de una masa viscosa, creada de la mezcla de vómito, sangre y comida.
Estaba claro que él bebe solo quería sangre fresca, nada de comida.
En una ciudad del gran mundo de Imera, un grupo de cazadores de elfos conocían la historia de Nabade, la madre de Ianan y Nanai Samelborp. Se encuentran en una taberna, bebiendo y riendo el día antes de marchar hacia la localización de las hermanas elfas.
Ahora, se disponían a encontrarlas para matarlas, en su empeño por exterminar la raza elfa.
El cabecilla del grupo, un pelirrojo de unos veinte años, complexión fuerte, buen armamento, dedicación e inteligencia suficientes para llevar a cabo la tarea, se subió a la barra, y ordenó silencio. Todos seguían hablando. Ya cansado de que no le hagan caso, se puso a gritar.
-¡Silencio!- todos sorprendidos le miran, y asustados, se callan- Muy bien, así mejor.- se aclara la garganta- Como bien sabéis, los que estamos aquí partiremos mañana hacia Aglaësta a por las hermanas elfas, nuestro siguiente objetivo para exterminar la raza elfa- todos aclaman a su joven jefe- Pero estas elfas son listas… Tenemos informes de que usan la magia, pero no a la ligera. Conocen muchos usos para cada hechizo, y poseen unas mascaras que hacen que aparenten ser unas jóvenes muchachas, nada que ver con elfas.
E ahí el problema. Tenéis que tener mucho cuidado y no confiar en nadie, por vuestra propia seguridad- todos asintieron con la cabeza- Dicho esto… Que prosiga la fiesta!
Todo el mundo, volvió a su griterío de antes, pero esta vez, el joven se escabulló de la fiesta, y se fue al bosque a pensar. No quería emborracharse como los hombres del bar, y las fiestas no le iban mucho.
CAPITULO 5
Courter Dee, se despertó. No se acordaba de nada. Fue a casa de Nanai, buscándola y la encontró. Lo que él no sabía era que esa Nanai, era su doble, creado para camuflar su ausencia.
Estuvieron hablando largo rato, pero ella no estaba interesada en él. No se dio por vencido. La doble lo obligó a irse, con excusas. El demonio de Courter, sospechaba algo.
Ianan y Nanai salieron del refugio con máscaras mágicas puestas, y Le Demon acompañaba a su querida Isidar. Todavía no se creía que iba a ser padre. Pocos demonios tuvieron hijos, y con elfos de la noche menos aun.
No podía dejar de mirar a su amada, era tan bella. Con la máscara parecía una simple humana, le gustaba más sin mascara, se mostraba todo su esplendor.
De las dos elfas, Nanai era la hermana mayor, aparentaba unos diecisiete o dieciocho años, pero en realidad nació hace cinco siglos. Medía un metro setenta y siete. Con su pelo negro largo, siempre recogido con un lazo blanco. El flequillo, sin embrago, era rojo, y con unos mechones también largos a los lados. Sus ojos, rojos, hermosos. Te podías perder en ellos.
La hermana menor, Ianan, no era menos. Aparentaba unos catorce o quince años, pero tampoco es de este siglo, nació hace dos siglos. Medía un metro sesenta y nueve Su pelo, a media melena el flequillo, de color negro, y bastante corto y rojo por detrás, era hermoso. Tenía dos mechones largos en el flequillo, también rojos, y una pequeña trenza negra.
Las dos hermanas, como elfas de la noche que eran, tenían las orejas grandes y puntiagudas. Podian usar magia, y tenían una gran fuerza.
El, sin embargo, era un demonio. Tenía un aspecto humano, exceptuando las alas y los brazos terminados en garras. Media un metro noventa y ocho. Era mas fuerte que las dos hermanas juntas.
Su pelo negro a media melena y sus ojos blancos, lo hacían digno de ver, ya que era el demonio más hermoso jamás conocido. Sus alas negras, grandes, impetuosas, la mayor parte del tiempo replegadas, solo las sacaba para volar.
Se estaba preguntando como seria su bebe… “Una mezcla”… Recordó las palabras de Ianan.
Llegaron a su destino, la casa de Nanai.
Alguien les observaba, Courter Dee. Ianan se dio cuenta, se dirigió hacia el, y lo hipnotizó.
Tenia una mente muy simple. Pero algo ocurria, en vez de matarlo, le estaba borrando la memoria. Luego corrió en busca del demonio, que estaba huyendo, y repitió la misma operación, hipnotización y borrado de memoria.
Despues de llevarlos a su casa, se reunio con Nanai y Le Demon.

