En la gran ciudad de Aglaësta, la nieve se empieza a fundir. Es un día nublado, después de varios días de una nevada agresiva y fuertes vientos sin descanso. La gente sale de sus casas para comprar provisiones, ya que presienten otra gran nevada. Aprovechan para arreglar los desperfectos causados por los fuertes vientos, que han llegado a arrastrar casas, pero tan solo unos cuantos metros. El mercado ha quedado destruido por la fuerte nevada, por lo que los aglaëstanos han improvisado un pequeño establecimiento para comprar provisiones. Las gentes están alteradas, algo sucede. Lo que parece un muchacho está tendido en medio de la plazoleta del mercado, desnudo. No saben si está vivo o muerto, pero nadie se atreve a acercarse. Después de una pequeña discusión entre un demonio y su Isidar, el demonio decide acercarse al individuo, porque hay algo que no encaja.
Se sitúa a unos pasos de él y lo mira atentamente. Tiene "las marcas" en la espalda, que indican que sus alas están replegadas. Está confuso. Unas preguntas pasan por su mente: ¿Dónde está el Isidar de este demonio? ¿Sigue vivo su Isidar?
-¿Es… Es un demonio?- su asombro no se esconde – Ningún demonio tiene un aspecto tan humano como este.

